Primeros restaurantes libres de 'niños' en Bilbao
“Carreras, peleas, rabietas, gritos y alborotos son algunas de las molestias que, en ocasiones, protagonizan los más pequeños de la casa en establecimientos de hostelería. Para evitarlo, la dueña de un céntrico restaurante de Bilbao ha tomado una polémica decisión: prohibir a los niños la entrada a su local, aunque vayan acompañados por adultos”.
Diario Público, 26/08/2011
[Negativo] “La política de recepción, a una pareja recién casada los ubicaron junto a habitación de familia con niños pequeños !!adiós tranquilidad!!.”
Comentario real sobre la Hospedería publicado en un portal de viajes y alojamientos.
Para la Hospedería, donde nos preciamos de buscar la felicidad del cliente más allá de la simple comodidad, recibir una crítica como ésta es doloroso. Muy doloroso. Sin embargo, la situación – con algún matiz – es tal como se cuenta.
- Periodo de máxima ocupación, en la Hospedería y en toda la Comarca.
- Un grupo familiar especialmente ruidoso. Provocan quejas que nosotros les trasladamos, sin conseguir mejoras significativas. El ambiente del establecimiento se deteriora.
- Llega una pareja de nuevos huéspedes – entonces no sabemos que se trata de recién casados. La única habitación libre es contigua a la de los niños. Por lo que se deduce del comentario, les dieron la noche.
- A la mañana siguiente la pareja abandona la Hospedería en un estado de cabreo absoluto. Nosotros, tras todas las disculpas posibles, intentamos compensar de alguna manera el horrible sabor de boca ofreciéndoles una estancia sin cargo en la fecha que ellos elijan. No fue suficiente. La respuesta fue el comentario publicado en la red social.
Así, tal cual, ésta sería simplemente una más de las vicisitudes del día a día de un hotel en temporada alta; pero hay algo más. El 90% de los viajeros que visitan la Hospedería a lo largo de todo el año vienen buscando paz y tranquilidad, un lugar apartado en una comarca apartada donde desconectar y disfrutar del contacto con la naturaleza. Es nuestro valor. No tenemos columpios, servicio de guardería ni animación infantil. Tenemos antigüedades, objetos de artesanía, una biblioteca, sillones para sentarse a leer o a escuchar música – no para saltar sobre ellos. Si se rompe la atmósfera, todo queda afectado.
Hemos leído atentamente la noticia sobre el restaurante de Bilbao citada al principio, también las opiniones de los lectores. Hay razonamientos sensatos en los dos sentidos. Es cierto que un adulto poco respetuoso puede perturbar la paz como el que más, que puede ser injusto hacer tabla rasa cuando hay niños que mantienen un comportamiento ejemplar; en ningún caso creemos que se deba tratar como conflicto entre “pro-niños” y “anti-niños”. Hay un aspecto en el que no se incide lo suficiente: la necesidad de cada establecimiento, de cada negocio, de buscar su público. La oferta tiende a especializarse y la generalización, el intentar llegar a todo el mundo, queda para los bancos, las grandes superficies y las operadores de telefonía móvil.
Nadie opta por un local de comida rápida cuando quiere ofrecer a su pareja una velada romántica. No, ni nadie lleva a sus hijos a una representación de “Cinco horas con Mario” cuando quiere pasar una tarde disfrutando junto a ellos. Es bueno que existan las opciones: así cada uno podemos elegir lo que mejor se adapta a nuestras necesidades de cada momento y no creemos que deba considerarse discriminatorio. La misma persona puede ser padre e intentar hacer todo cuanto pueda en familia; pero también ser pareja y en ocasiones querrá ejercer como tal, buscar un lugar tranquilo y disfrutar del momento sin sobresaltos externos.
En fin: una cuestión complicada donde cada postura guarda su parte de razón. El debate no debería centrarse en la buena o mala educación de los niños y la responsabilidad de los padres, ni tampoco en el egoísmo de la sociedad en que vivimos; sino en la normalidad de la existencia de diferentes ofertas de ocio dirigidas a públicos diferentes. En la Hospedería no estamos por la labor de limitar la entrada a nadie capaz de mantener un mínimo de reglas de convivencia, al menos por respeto al resto de los huéspedes y al trabajo de los demás. Pero ya hace un tiempo que no es un establecimiento que recomendemos para niños menores de diez años: no está diseñado, preparado ni orientado para ellos – y hay en la Comarca muchos otros que sí lo están. Confiamos en el criterio y en la responsabilidad de nuestros visitantes.
Pd. Cuando la familia ruidosa de la primera historia abandonó la Hospedería, su comentario fue: “Nos ha encantado. Es un sitio supertranquilo. A ver si podemos volver sin los niños”
E' un mondo difficile.
